lunes, 18 de enero de 2010

Erase ninguna vez...

Lamento mi larga ausencia... Durante algún tiempo creí poder escapar a mi destino. Engañar a mi esencia. Me deje llevar por la ilusión del "erase una vez" para terminar como siempre con el "otra vez será". Siento que con cada fracaso mi verdadera identidad emerge, mi mala suerte crece, mi futuro se desvanece. Disculpen mi tono patético-poético pero necesito ahogar mis penas en palabras.

Les debo una disculpa... Yo osé aspirar a un futuro laboral mejor. Acaricié la posibilidad de trabajar en algo que me hiciera sentir realizado y coqueteé con la absurda idea de cobrar un sueldo digno. Intenté coger agua con las manos. Resulto refrescante durante un instante pero se me escurrió el futuro entre los dedos. Mucho me temo que mi osadía haya causado daños colaterales. La razón oficial de mi finiquito hacia alusión a la situación económica coyuntural... Vamos, la crisis.

Tras mucho pasear y mucho diluviar... No puedo evitar pensar que cuanto más cerca me siento de mis objetivos vitales más lejos me descubro. Reconozco que recientemente creí sentirme por momentos casi feli... Ahora pago el precio por mi insumisión.

El otro día caminaba por una calle poco transitada... Un gato negro caminaba hacia mi. Cuando íbamos a cruzarnos se detuvo y tras mirarme desafiante salió corriendo. No sé que significa pero seguro que no es una buena señal.

Yo soy Murfi y todo me sale mal.

sábado, 10 de enero de 2009

Campaña sobre campaña

¡Campaña sobre campaña y mira como tragan los percebes mientras me río...!

Tras haber sobrevivido un año más a las luces cegadoras, muchedumbres descontroladas y frases absurdas del tipo "¡Felices Fiestas!"..., me dispongo a relataros mis desventuras navideñas. Para que quede claro de entrada no han sido unas felices navidades, tampoco creo que tenga un prospero año nuevo y los reyes no me "han traído" nada.

Las navidades y el desempleo no casan bien. Si ya sé que el espíritu de la Navidad es gratuito y que el calor de la familia es lo más importante..., pero poder comprar regalos a tus seres queridos, comer como Dios manda el día de Navidad y brindar con un cava que no sea de garrafón en Noche Vieja, ayuda a que los villancicos no te den una resaca ¡de puta madre!

Este año me apetecía que Papa Noel dejara algún regalo para mi hijo junto a nuestro bonito árbol de Navidad (véase ficus con dos guirnaldas y unas luces de discoteca). La vieja nota en la que Papa Noel se excusaba desde hacía tres inviernos por no traer regalos "este año ya que hay niños que los necesitan más", comenzaba a ser dolorosamente cutre. El espíritu navideño invadio mi corazón (bueno más bien empapo mis entrañas) y decidí que este año mi hijo tendría las mejores navidades de su vida.

Mi primer objetivo era conseguir recursos monetarios, liquidez, "cash"..., que traducido al lenguaje coloquial es lo que vulgarmente se conoce como dinero, pasta, "guita"... Pero como dice el viejo chiste si no hay trabajo no hay euros, por lo que me lancé a por el padre de todos los trabajos navideños. ¡Esta año yo sería Santa Claus! Como un Jack Skellington cualquiera estaba dispuesto a presentarme al casting y ganarlo. Claro que yo no contaba con que el otro millón de parados de la ciudad habían tenido la misma brillante idea.

Tras varias pruebas de selección que incluían un test psicotécnico, una prueba grupal y una entrevista personal me hice con el puesto. ¿Qué como lo conseguí? Sencillo, mentí en todas las preguntas del test, me convertí en el líder de la manada, perdón del grupo (tengo que dejar de ver el Encantador de perros), e interpreté mi mejor papel durante la entrevista. Reconozco que para un tipo pesimista, anti-navideño y tirillas como yo, no resulto nada fácil convencer al jurado de que yo era el gordo canoso y barbudo más bonachón y navideño de la ciudad. De hecho, tras haber movido mi barriga falsa como una gelatina varias veces al son de "Jou, Jou, Jou", disimuladamente vomité dentro del saco de los regalos.

[Un paréntesis: Este es un mensaje para todas aquellas personas que trabajan en el Departamento de Recursos Humanos. Entiendo que ante la avalancha de candidatos para un sólo puesto de trabajo, sea necesario realizar ciertas pruebas de selección que permitan valorar objetivamente cual es el candidato, que reúne las mejores características profesionales para desempeñar las tares correspondientes... Pero, ¿no creen que una prueba grupal que consiste en idear un plan con el objetivo de saltar en paracaídas en medio del desierto armados hasta los dientes para volar un puente enemigo, no es un tanto "agresivo" para un puesto de Papa Noel? Dicho de otra manera, ¿se imaginan que para entrar en un grupo de élite militar de boinas verdes paracaidistas, les hicieran una prueba grupal en la que tuviesen que diseñar una misión para secuestrar la Nancy Comunión para la hija de su General en plena Noche Buena?!]

Con la pasta que me iban a pagar por suplantar a Papa Noel podría hacer que el "verdadero" Santa Claus, cambiara su habitual nota de disculpa por un regalo para mi hijo. En un momento de flaqueza pensé que las Navidades no estaban tan mal después de todo... Minutos más tarde hacía mi debut en un conocido centro comercial ante centenares de niños con las pupilas dilatadas que me recibieron con una gran ovación. Un pensamiento recorrió mi cabeza mientras saludaba a la multitud enfervorecida: "Y si por mi culpa todos estos niños tienen la peores Navidades de su vida...". Una gota de sudor frío recorrió mi frente. No sentía nada igual desde que tras comer una fabada de lata caducada me quedé atrapado en medio de un atasco.

Salir corriendo no me pareció excesivamente ético por lo que temblando como un flan me senté en mi trono y empecé a despachar feligreses. Mi primer "cliente" fue una niña pelirroja de ojos enormes que me pidió un caballo. Ante la mirada aterrada de su padre le pregunté si tenía establo y la niña sin abrir la boca me dijo que no con la cabeza. Le expliqué que un caballo sin establo era como una persona sin cama. La niña me sonrió y me pidió un juego de magia. El padre aliviado me dio las gracias tácitamente. No me lo podía creer, ¿y si el disfraz de Santa Claus inmunizaba mis anti-poderes? Esta mal que yo lo diga pero durante una hora estuve sembrado. Ni De Niro en el "Talking to me?"...

Como suele ocurrirme siempre que olvido mi condición infrahumana, mi suerte se volvió a torcer. Mi hijo estaba en la cola con su madre, acompañada de un señor que no tenía el (mal) gusto de conocer. Mientras escuchaba las peticiones de varios niños con un hemisferio de mi cabeza, el otro hizo un resumen de daños y riesgos: 1 Mi hijo podría reconocerme y averiguar antes de tiempo ciertas verdades monárquicas. 2 En un entorno tan mágico podría arruinarle las Navidades a mi hijo traspasándole algunas de mis taras genéticas. 3 La madre de mi hijo es funcionaria del Inem donde estoy inscrito: Funcionaria estricta + Parado trabajando en negro = Problemas económicos. 4 ¿Quién cojones es el baboso que los acompaña?

Cuando le tocó el turno a mi hijo le ordené a mi paje, bueno a mi elfo, duende o le que cojones sea que lleve leotardos verdes y babuchas con cascabeles, que sólo podían subir de dos en dos. El duende con las pupilas como platos y con aliento a chocolate a la taza comunicó mis melindrosas ordenes. ¡Mola que te obedezcan de vez en cuando! El "baboso" tuvo que esperar abajo mientras mi hijo se sentaba en mi pierna adormecida tras horas de servir de silla para niños (por cierto, doy fe de que tenemos un problema de obesidad infantil en nuestra sociedad).

Mi hijo se acercó de la mano de su guapísima madre y lo primero que me dijo a bocajarro fue que olía a Floyd como su padre. La madre río y yo engolando la voz y atusándome mi espesa barba falsa, le contesté que los que no nos afeitamos no usamos "aftershave". Mi hijo me miró fijamente a los ojos y por miedo a que viera a través de ellos utilicé el tan socorrido "Jou, Jou, Jou" y le pregunté que quería para Navidad. Se acercó a mi oído derecho para que nadie le oyera y susurró: "Que mi padre encuentre trabajo y tenga buena suerte". Antes de que mis vidriosos ojos me delataran le dije con voz quebrada que su deseo estaba concedido y que ahora debía pedirme algo para él. Esta vez me susurró en el oído izquierdo: "Que mis padres vuelva a estar juntos". Mis ojos ya estaban Candy, Candy por lo que fui incapaz de mirarlo. Asentí con la cabeza y le comuniqué a mi paje, Peter Pan freaky o lo que fuera, que parábamos 5 minutos para descansar.

No estoy seguro de si mi hijo me descubrió o si tan sólo vio a un Papa Noel dispuesto a concederle lo que le pidiera. Lo que si sé es el resultado final de mi participación navideña: Durante la Noche Buena cayó la mayor nevada de la historia de la ciudad. Ningún hombre del tiempo acertó a predecirla por lo que la gente permaneció en sus casas junto a sus seres queridos toda la noche. Los juguetes que contenían un dispositivo electrónico, por pequeño que este fuese, salieron defectuosos: Videoconsolas, gameboys, mp3, mp4, móviles, etc, todo ¡a tomar por culo!. El día de Navidad paró de nevar y las calles y los parques de la ciudad se llenaron de niños jugando con la nieve.

Evidentemente, me gasté mi paga de Santa Claus en juguetes electrónicos que nunca funcionaron y la ola de frío polar inesperada me causó una pulmonía, pero el día de Navidad mi hijo y su madre se hincharon a tirarme bolas de nieve. No hay nada como que la mujer que amas te haga sangrar la nariz de un bolazo de nieve y luego se preocupe por ti, mientras tu hijo mira la escena con una sonrisa de esperanza. Si lo sé, lo sé "me ha quedado cursi que te cagas..." ¡Ya podéis vomitar!

Yo soy Murfi y todo me sale mal.

sábado, 6 de diciembre de 2008

La Tabla del Cero

Ahora que inevitablemente se acercan unas fechas tan mal señaladas y os arruináis comprando décimos del número de Navidad ("no vaya a ser que toque en el trabajo-escalera-grupodamigos-familia-super-colegiodlniño y yo me quede sinnnn"); mientras los niños del Colegio de San Ildefonso afinan sus gritonas gargantas y ensayan sus rituales ludópatas; cuando la mayoría esperan que "el gordo" les saque de aprietos (menuda contradicción...); quiero daros un consejo de amigo de teletienda: ¡Jamás subestiméis el poder del CERO (0)!

Históricamente el cero ha sido un número ignorado social y educativamente. El cero siempre se ha asociado al fracaso. En mis tiempos un cero en un examen significaba un Muy Deficiente... Frases como "¡Murfi, cero patatero!" o "¡Murfi, vales menos que un cero a la izquierda!", demuestran el maltrato al que han sido sometidos este dígito y aquel joven aspirante a persona "normala".

Me gustaría resaltar la importancia de esta cifra apestada. No olviden que un cero puede convertir 1 euro en 1 millón, y reducir 1.000 millones a la nada. Tal y como solía responderle a mi profesor "sin el cero no existiría el 10 y (por lo tanto) desaparecerían los Sobresalientes". Aquella réplica siempre terminaba con el mismo happy end: "Murfy a la calle con dos anillitas para que practique gimnasia... ¡Ah! y me cierra la puerta por fuera". Recuerdo que más de una vez de camino al pasillo pensé que sin el 0, Maradona y Pele habrían jugado de portero.

Luego crecí y me convertí, como dice un amigo mío, en un "adultero hecho y maltrecho" y descubrí que la informática en general y los ordenadores en particular trabajan con el sistema binario (1 y 0). Vamos, que sin el tan denostado cero no habría desarrollo tecnológico... Al menos tal y como lo conocemos hoy en día: Adiós a la enciclopedia del frikismo de Youtube, no podrías coleccionar amiguitos en Facebook, ni colgar tus maquetas en MySpace y por supuesto, deberías renunciar a bajarte películas de arte y ensayo tipo Clitoriano Kane.

Pero no sólo el mundo de las ciencias necesita al cero. Los movimientos sociales todavía luchan para que los Estados "desarrollados" dediquen el 0,7 (¡un cero a la izquierda!) de su PIB, a la cooperación y el desarrollo... Por todo lo anteriormente expuesto, reivindico la Tabla del Cero.

Quedáis avisados...

0 x 1 = 0
0 x 2 = 0
0 x 3 = 0
0 x 4 = 0
0 x 5 = 0
0 x 6 = 0
0 x 7 = 0
0 x 8 = 0
0 x 9 = 0
0 x 10 = 0
0 x ... = 0


"El cero es el único dígito capaz de alterar el orden antinatural de las cosas, ya que puede convertir cualquier número ajeno en un semejante"
Pormenórides 2.300 A.M.


Yo soy Murfi y todo me sale mal.

martes, 25 de noviembre de 2008

¡Homenaje a Arkonada!

Para mi es motivo de oronda satisfacción rendir homenaje a un héroe de mi infancia, tratado injustamente por la historia y víctima de la amnesia colectiva...

¡VIVA ARKONADA!
¡Nunca te olvidaremos!
¡Gracias por tus paradas!



¡Triunfadores, recordar que en cualquier momento podéis caeros de vuestra trona!

¡Losers del mundo, animaros porque no sé si los últimos seremos los primeros, pero os aseguro que somos mayoría!

Arkonada simboliza las dos caras de la misma moneda, por eso nos representa a todos...


Yo soy Murfi y todo me sale mal.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

El perdedor que llevas dentro

Hoy he pasado el día con mi hijo. ¿Suena bien verdad? A mi hijo lo han expulsado del colegio hasta la semana que viene... Dado que yo dispongo de un horario laboral más flexible que el de mi mujer (es lo que tiene estar en el paro), la responsabilidad de lidiar con el Director del colegio ha recaído sobre mí.

Mi hijo, y no lo digo porque sea mi hijo, es una gran persona. No se parece nada a su padre. Reflexivo, empático, estudioso, juicioso..., un digno hijo de su madre. El Director del colegio todavía no me conoce y me temo que el hacerlo no va ayudar a la imagen (académica) de mi hijo.

Como acostumbro a hacer en los momentos importantes, he llegado tarde. El Director me ha escaneado con la mirada. El resultado ha sido una sentencia tipo "con un padre así no me extraña".

!TIEMPO MUERTO!: Por motivos de privacidad y anonimato no he puesto ninguna imagen mía en este diario. Procedo a describirme... Ni alto, ni bajo; tirando a tirillas; barba de tres días permanente (odio afeitarme); visto colores oscuros; siempre llevo bambas/deportivas (odio los zapatos); según dicen nunca llevo la ropa adecuada ni para la climatología, ni para la ocasión; me gustan las gafas de sol (odio la playa en plan sol y crema = aftersun); y fumo tabaco negro (me encanta fumar).

El Director me ha explicado que mi hijo ha agredido a otro niño durante la hora del patio. Yo lo he negado todo y he alegado que un niño es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Entonces mi hijo me ha estirado de la manga y con la cabeza ha confesado su culpabilidad. El Director me ha informado que dado su excelente trayectoria académica sólo lo expulsaban una semana. Si se volvía a repetir algún incidente parecido significaría su expulsión definitiva.

De camino al centro de la ciudad reinaba el silencio. Hubiese puesto algo de música pero la radio del coche no funciona... Yo no podía comprender que podía haber impulsado a mi hijo a agredir a otro niño. Siempre me preocupó la posibilidad de que mi hijo fuera la víctima, nunca pensé que pudiera convertirse en el agresor... Él permanecía callado con la mirada perdida en la carretera. Dadas las circunstancias he hecho lo que cualquier padre hubiera hecho (o al menos es lo que hacía el mío). Lo he llevado al ZOO.

Sentados en un banco delante de la jaula de los mandriles, mientras una pareja de monos de culo rojizo se despiojaba, le he preguntado por qué ha pegado a otro niño. Para mi sorpresa, y no resulta fácil sorprenderme, se ha negado a contestar. Hemos pasado el día paseando y mirando animales deprimidos y enjaulados. Durante la comida, una hamburguesa con patatas que ha pagado mi hijo, lo ha soltado de golpe: "Me llamó perdedor". Yo le he explicado que no era motivo para que le pegara. Sin levantar la mirada añadió: "Dijo que era un perdedor como mi padre...". En un primer momento sólo he podido exclamar un temporal y reflexivo: "Comprendo".

Más tarde junto a la fosa de los leones he intentado hacerle comprender que no hay nada de malo en ser un perdedor: "Esta bien querer ganar pero hay que saber perder. Mira estos leones. Son los reyes de la selva y están aquí encerrados de por vida, rodeados por una jungla de cemento armado y asfalto...". Ante la expresión de "no estoy entendiendo nada de lo que dices" de mi hijo, he optado por ser más directo. "Gracias por defenderme hijo..., pero debes comprender que no tiene nada de malo ser un perdedor. Todos llevamos un perdedor dentro con el que debemos aprender a convivir. Incluso, los grandes campeones pierden de vez en cuando". A lo que mi hijo ha respondido: "¿Cómo quién?". Tras unos segundos de pánico, ya que tampoco es que sea un fan de lo triunfadores de la era moderna, me vino a la cabeza el ejemplo perfecto: "¡Arkonada! No es justo que tras una carrera llena de éxitos la gente sólo se acuerde de la final contra Francia...". Mi hijo muy impresionado me ha dicho: "¿Quién es Arkonada?".

De camino a casa le he explicado la historia de Arkonada. Aunque creo que sigue prefiriendo a Casillas que lo gana todo, creo que ha entendido que no tiene nada de malo que la pelota se te escurra entre los brazos de vez en cuando, porque lo importante es jugar el partido.

Yo soy Murfi y todo me sale mal.

martes, 11 de noviembre de 2008

NO, WE CAN'T

NO, WE CAN'T
Querer no es poder.
NO, WE CAN'T
Soñar sí cuesta dinero.
NO, WE CAN'T
La verdad os hará infelices.
NO, WE CAN'T
Lo peor siempre está por llegar.
NO, WE CAN'T
No hay bien que por mal no venga.
NO, WE CAN'T
Menos que ayer pero más que mañana.
NO, WE CAN'T
Todos los caminos conducen a la derrota.
NO, WE CAN'T
No invertirás, ni jugarás, porque perderás.
NO, WE CAN'T
Frústrate globalmente, deprímete localmente.
NO, WE CAN'T
Tu futuro es inversamente proporcional a tus ilusiones.
NO, WE CAN'T

Yo soy Murfi y todo me sale mal.

jueves, 6 de noviembre de 2008

¡Alabado sea Jesús!

Hoy he visto a Jesús y me ha confesado que él se hizo sacerdote gracias a mí.

Conozco a Jesús desde la más cerda infancia. Es la única persona, a parte de mi senil padre, que sabe quien soy. No me juzga, ni me reprocha, se limita a aceptarme. Según él nunca le he defraudado. Desde el primer día de colegio supo que yo estaba absoluta e irremediablemente gafado. Jamás he podido demostrarle lo contrario...

A Jesús le martirizaban unos tipos dos años mayores que nosotros. Un día lo tenían rodeado y se disponían a bautizarlo en un charco del patio del colegio, cuando decidí intervenir... Cogí el primer balón de fútbol que me pasó cerca, y disparé un certero "chut" hacia el grupo de agresores. Mi misil balonpédico se estrelló contra la cara de Jesús, rompiéndole el tabique nasal. El esférico salió despedido hacia la carretera. Un coche, en su intento por esquivarlo, terminó provocando un accidente en cadena.

Balance final: Seis utilitarios destrozados, el autobús escolar fuera de circulación durante 15 días, odio eterno hacia mi persona por parte de los matones dos años mayores que nosotros, prohibición para todo el mundo de jugar a fútbol en el patio, veto a salir de la clase durante la hora de recreo por parte de los dueños del balón de la discordia (alumnos de último curso), el tabique nasal de Jesús partido y yo expulsado un mes del colegio.

Cuando regresé al colegio convertido en la persona más impopular de la institución, incluso por encima del tan odiado y temido Sr. Director (alias el "Hombre Foca"), Jesús me dijo: "Eres la mejor peor persona que he conocido". Todos los recreos hasta llegar al último curso, se los pasó junto a mi encerrado en clase. Desde entonces siempre hemos sido amigos. Inseparables como la confesión y la penitencia, como la infancia y los piojos, como la política y el poder.

Moraleja, ¡no hay moraleja! Pero sí una verdad: Jesús es la mejor mejor persona que he conocido en mi vida.

pd: Jesús se hizo cura para contrarrestar mi desastrosa, aunque bien intencionada, existencia.

Yo soy Murfi y todo me sale mal.